El cerebro humano típico contiene unas 100 billones de células nerviosas.
Esto significa, en palabras del afamado científico ya fallecido, Carl Sagan,
que tenemos la capacidad de almacenar en nuestra mente información
equivalente a la de 10 billones de páginas de enciclopedia.
Nuestro cerebro es bombardeado diariamente por alrededor de un millón de
piezas de información las cuales recibe y convierte en pensamiento
inteligente. Dado este hecho es importante para el cerebro no sólo el retener
sino el descartar información. Los estudiosos del cerebro estiman que únicamente retenemos alrededor de una
de cada 100 piezas de información que recibimos. Si lo retuviesemos todo sufririamos de una gran sobrecarga
informativa que nos paralizaría. Este fue el caso de Salomón Shereshevski, un reportero ruso, cuya prodigiosa
memoria fue estudiada por el psicólogo ruso Alexander R. Luria que le dedicó un cautivante libro titulado La
Mente de un Nemónico. Shereshevski tenía una memoria tal que recordaba prácticamente todos los sucesos
que le habían acontecido a lo largo de su vida. Si memorizaba una lista de objetos la podía reproducir
perfectamente cinco, diez o quince años después. Sin embargo la vida de Shereshevski se le convirtió en un
tormento a causa de los recuerdos que se acumulaban en su mente y no le permitían funcionar. Esto llegó a tal
extremo que Shereshevski pasaba gran parte de su tiempo tratando de idear trucos para poder olvidar.
De cualquier modo, el problema de la mayoría de nosotros no es el de Shereshevski. Por el contrario lo que nos
sucede frecuentemente es que no podemos recordar fechas, nombres o sucesos que quisiéramos recordar o que
se nos dificulta el memorizar datos para un examen. Los antiguos desarrollaron diversos sistemas para
memorizar textos literarios. Con estos sistemas y la práctica continua llegaron a realizar lo que hoy
consideramos verdaderas proezas memorísticas. Algunos sistemas son sumamente sofisticados y requieren de
una considerable práctica antes de poderse usar efectivamente. Un sistema sencillo que nos permitirá recordar
una secuencia de objetos es el llamado sistema de eslabones. En este sistema la persona que desea memorizar
una lista de objetos se representa en su mente una imagen de cada uno de estos objeto y se lo imagina
interaccionando con el objeto que le sigue en la lista. supongamos que deseamos memorizar una lista de
compra del supermercado en la que los primeros objetos son jugo, pan, cebolla y el periódico. Para aplicar el
sistema de eslabones podemos imaginar que abrimos un envase de jugo y lo que encontramos dentro es un
pedazo de pan, a continuación nos imaginamos que comemos pan con cebolla (o un pan en forma de cebolla) y
que abrimos el periódico y este huele a cebolla. Posteriormente cuando queremos recordar la lista lo único que
tenemos que hacer es traer a nuestra mente el primer objeto de la lista e inmediatamente comenzaremos a
visualizar las asociaciones que habíamos hecho. De este modo nos podremos fácilmente memorizar una lista
de 20 o más objetos en orden. No es necesario que las asociaciones sean lógicas ni razonables. De hecho,
mientras más extrañas y fuera de lo común mejor. Por ejemplo si queremos asociar automovil con hombre no
es muy útil imaginar un hombre conduciendo un automóvil. Eso es algo que vemos todos los días y que no
tenemos ninguna razón especial para recordar. Sin embargo ver a un hombre cargando un automóvil sobre sus
hombros es algo fuera de lo común. Si usted viera en la calle algo así seguramente lo recordaría por mucho
tiempo.
Otros sistemas más sofisticados han sido desarrollados con el propósito de recordar objetos, no meramente en
secuencia, sino para, por ejemplo, recordar cual es el objeto número 37 o el 49 de una lista y para memorizar
números y rostros. Estos son los sistemas usados por muchas personas que se dedican profesionalmente a hacer
trucos de memorización.
domingo, 19 de julio de 2009
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